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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Noticias

Miércoles, 22 de octubre de 2008

Pasaje a una nueva vida

Doscientos presos en régimen de tercer grado encuentran un empleo gracias a un programa de becas de formación.

 

Venezuela. Una necesidad de dinero urgente, alguien que le dice que es fácil, una maleta con doble fondo y... «aquí está». El policía nacional que le pidió el pasaporte en Barajas dijo esas palabras en cuanto la vio. Kilo y medio de droga, y a la cárcel nueve años.Ingrid tenía entonces 23 años, Toda una vida por delante y todos esos tópicos, de repente, aplazados a la treintena. Su nueva casa, en un país que no conocía y en el que no tenía a nadie, fue la prisión madrileña de Soto del Real.

¿Qué es la cárcel? «Un sitio muy duro que si la gente no se toma con inteligencia, acaba mal», dice. ¿Y qué es inteligencia en una celda y un patio? «Ver que, si vas por esta vía, no vas a ningún sitio; y, si vas por esta otra, serás bien vista y podrá servirte cuando llegue el tercer grado».

El segundo camino, el de mirar al futuro, es el que emprendió Ingrid tras recuperarse del shock de verse allí metida. Hoy, cinco años después, lleva cuatro meses en régimen de tercer grado y un trabajo en la calle. Es la culminación de una actitud que marcó su vida en prisión desde el ingreso.

«Aquí me consumo. He cometido un error y me tengo que levantar yo sola», se dijo. «Empecé a sentirme responsable de mis actos». Y comenzó a solicitar plaza en los cursos que había. Hizo uno de informática y otro de fotografía. Cuando pasó a Alcalá Meco, hizo otro de panadería y otro de monitor deportivo. No paró quieta. Pidió que le pusieran de compañera de celda a una chica enganchada a la droga para ayudarla a salir. Satisfecha, hoy puede decir que le fue «útil» a alguien.

Pasó a trabajar en la panadería de prisión («6.000 barras de pan diarias entre seis chicas») y acabó de encargada: «Tenía responsabilidad; me sentía útil». De nuevo, esa palabra, esa cualidad tan necesaria cuando la vida discurre en círculo.

En el último año se benefició de una de las becas de capacitación profesional que otorga La Caixa y, gracias a ella, estudió un curso de gestión informatizada de contabilidad y otro de teleoperadora, cada uno de tres meses. Ambos le han servido para adquirir una solvencia en el mercado laboral, primer paso para salir adelante en esa libertad tan anhelada y que da tanto miedo.

«Cuando llegó el momento de salir, me sentía muy insegura». Su compañero de viaje en este salto al vacío fue Juan, psicólogo y coordinador del programa SAL, de acompañamiento para la inserción laboral. Fue él quien acudió a prisión a hacer la preselección de beneficiarios de las becas. Ella tenía todas las papeletas. Llegado el tercer grado, el pasado mes de mayo, él le buscó entrevistas de trabajo, la acompañó y dio la cara por ella ante los empresarios cuando debía explicar su situación como extranjera presa y sin pasaporte. «Funcionamos como una consultora de recursos humanos», explica Juan.

El programa que coordina está acreditado y sostenido por el Ministerio del Interior y el Fondo Social Europeo. Las empresas, por su parte, pueden beneficiarse de bonificaciones de entre 500 y 600 euros al año.

Ingrid ha tenido la suerte de que el suyo, como teleoperadora en la empresa NT-Ipsum, es indefinido, y de tener un jefe que se preocupa por su situación: «Me dijo que fuera con la cabeza bien alta y que no me sintiera presionada».

Aunque sufrió reiterados rechazos de otras empresas, cuando llegó a ésta, cambió su suerte. Competía por el puesto con una chica con experiencia que «no presentaba tantos problemas» (condenada y extranjera sin papeles). Pero apostaron por Ingrid. «Me sentí grande». Un sueño en este periodo de transición hacia la condicional.

Su nueva vida queda lejos de la primera. Aquélla terminó con un error; la actual se gestó en prisión y comenzó, como todas, con un empujón. Ella es una más de las 700 personas presas que este año se beneficiaron de una beca de estudio de La Caixa y una más entre las 198 que han conseguido un trabajo al acceder al tercer grado. Esta semana, la institución ha firmado un nuevo convenio con Interior por el que aumentan a 1.000 las becas para 2009.

¿La libertad? Dice Ingrid: «Ver cómo anochece tumbada en un parque». Una realidad por fin.

Fuente: www.elmundo.es
19/10/08

Suplemento Temático: Formación y Seguridad

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