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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Noticias

Jueves, 20 de noviembre de 2008

Shigeru Ban, arquitecto de emergencias

Se hizo famoso diseñando refugios para víctimas de terremotos. Luego empleó sus soluciones para idear casas revolucionarias. Hoy concluye el nuevo Centro Pompidou en París y cree que la arquitectura ayuda a sobrevivir

 

Ruanda, 1995. Cerca de dos millones de personas se quedan sin hogar. Las divergencias entre hutus y tutsis desencadenan una guerra civil, un genocidio al que la ONU responde ofreciendo  ayuda humanitaria. Llevan grandes sábanas de plástico. Pero allí hace mucho frío y el plástico
conserva la humedad."Yo creia que en Affica siempre hacía calor y me impresionaron las imágenes de gente temblando baio los plásticos azules", cuenta Shigeru Ban (Tokio, 1957).

La ONU proporcionaba las grandes piezas de plástico y los refugiados cortaban árboles para fabricar una estructura básica de pilares en la que apoyar ese plástico. Esa práctica terminó por deforestar el país. Finalmente, Ban logró que le escucharan. Le dejaron llevar sus estructuras de tubo de cartón. Eran baratas, pesaban poco, pero sujetaban mucho y resistian la humedad. Antes de enviadas tuvo que probar su resistencia a la intemperie. Y lo consiguió. Pero no fue un proceso rápido.

foto: www.elpais.com

Trabajaba con los tubos desde 1984. Entonces acababa de regresar de Estados Unidos, donde había estado estudiando dos posgrados durante cerca de cuatro años. No tenía experiencia, y su primer trabajo, como el de tantos arquitectos, consistió en diseñar el montaje de una exposición. Era sobre el arquitecto finlandés Alvar Aalto. Y alguien, no necesariamente despistado, que observe hoy las imágenes de la instalación puede creer que se trataba de un diseño del propio Aalto. "Ésa erala intención. Me gustaba tanto su arquitectura, realizada con la madera de los bosques ñnlandeses, que fui a Finlandia varias veces". Sólo que Ban no tenía dinero para trahaiar con madera, "y, además, me parecía mal usar un material precioso como la madera para montar una exposición temporal que se iba a desmantelar en dos meses". Para reemplazar la madera pensó en ahemafivas, y fue entonces cuando aparecieron los tubos de cartón que terminarían por hacerlo famoso. "Odio el desperdicio. Es parte de mi naturaleza", dice. Y el tubo de cartón es le contrario a un desperdicio. Es el material de este arquitecto. Shigeru Bah se ha hecho famoso por construir casas de cartón en las que se puede vivir.

¿Donde se levantan esas casas de tubos de papel prensado? En Ruanda tuvo ocasión de comprobar su resistencia. Había demostrado que soportaban las termitas y resistían la intemperie muy lejos de los refugiados, en un paraíso arquitectónico: el campus alemán del fabricante de sillas Vitra. La imagen de una sábana de plástico azul sujeta con o tubos de cartón para formar la mínima expresión de un cobijo, rodeada de algunas de las piezas más singulares de la nueva arquitectura que concentra el Campus Vitra (el primer edificio de Zaha Hadid, el primero de Gehry en Europa, o el primero del japonés Tadao Ando, también en Europa), resume la paradójica arquitectura que se piensa y diseña hoy. Pero el prototipo funcionó, y la ONU, con la ayuda de Médicos Sin Fronteras, lo distribuyó en África. Con todo, en medio de tantas piezas famosas, se comprende que la idea que este arquitecto tiene de lo monumental pase, en realidad, por lo elemental: dar cobijo al necesitado.

"El cobijo, pum quien se queda sin él, es una necesidad fundamental, y ofrecer ese alivio es el trabajo de los arquitectos. Pero no he conocido a muchos interesados en ese campo", dice con ironía. "Históricamente, los arquitectos trabajamos para los poderosos: los reyes antes, las grandes empresas hoy. Nuestra arquitectura representa su dinero y su poder. Es una responsabilidad de los arquitectos hacer bien esos edificios porque definen las ciudades en las que vivimos. Pero también es importante trabajar para otro tipo de gente. Es una oportunidad para un arquitecto poder dar cobijo a alguien".

En Ruanda, Bah probó que los tubos de cartón ofrecen una solución rápida, económica y eficiente para construir en casos de emergencia. Pero se encontró con más emergencias. Y en todas fue fundamental actuar con rapidez. "En Turquía decidí utilizar sponsors. Es dif/cil reunir dinero para una tragedia, porque donde hay dinero hay pillaje. Pensando en los posibles donantes, decidf que quedara claro adónde iba ese dinero". Tras el terremoto que asoló Turquía en 1999, Ban decidió que en lugar de pedir donativos solicitada objetos tangibles. A las grandes compañías les pidió que enviaran grandes rollos de tela plástica con su logotipo impreso. "Cuando la CNN filme la catástrofe aparecerá su empresa", les aseguró. Y funcionó.

Foto: www.elpais.com

Arquitectos como el podrían cambiar el mundo. "La catástrofe no la causa la naturaleza, sino la codicia del hombre. Para crecer en altura hay que construir sobre seguro. No hay catástrofes naturales. Nosotros las causamos". Cerca de su casa, en Kobe, tras el terremoto que devastó la ciudad en 1995, se encontró con que el barrio vietnamita había quedado destrozado. Ban llegó y puso orden. Sus primeras casas construidas integramente con tubos de cartón datan de esa catástrofe. La imagen de unas viviendas de cartón de una estética muy japonesa levantadas sobre cajas de botellas de cerveza dio la vuelta al mundo de las revistas de arquitectura. En ese caso, con la estética, tan importante como la supervivencia, llegó cierta tranquilidad al vecindario, y Ban pudo demostrar la eficacia de unos sistemas que llevaba años investigando: los tubos de cartón sirvieron no ya para sujetar un plástico, sino para construir una vivienda de 16 metros cuadrados. Este proyectista no cobra derechos por ceder sus inventos. Pero obliga a las autoridades que los adquieren a enseñar a la gente a utilizarlos. Es un arquitecto partidario de la autoconstrucción. Y ha fundado Volunteer Architects Network (VAN), uno de los ya varios colectivos que exprimen la arquitectura para construir con casi nada. (htrp:/wan.sfc.keio.ac.jp/ ).

"Todos podemos vivir de otra manera. Hacerlo ofrece, además, una gran lección". Ban sabe de qué habla. Ha probado sus refugios. Ha dormido en sus viviendas de ocho metros. Su energía y su insistencialas guarda para los pequeños etalles: lidiar con la humedad sobre el barro, conseguir ventilación en los refugios de emergencia. 0 lo que es lo mismo: hacerse con unos pa]és o unas cajas de cervezas para levantar las casas del suelo, conseguir instalar pequeñas ventanas en las cabañas. Fueron catástrofes como los terremotos, los tsunamis, o las persecuciones y las guerras las que le permitieron demostrar que la arquitectura más segura no es hila más pesada ni la más cara.

foto: www.elpais.com

Pero más allá de las emergencias existe otro arquitecto. Y también es experimental. Cada una de sus viviendas es un laboratorio, para comprobar el uso de una idea. Así, en su casa-mueble (Furniture-House) de 1985, realizada cuando sólo llevaba un año trabajando, las paredes eran en realidad llbrerías y armarios, de suelo a techo. Y fiel a su filosofía de emergencia: cualquiera la puede ensamblar. "En la casa-mueble no hay paredes. Los muebles soportan la estructura. El control está en la fabñcación, más que en la construcción", apunta.

La casa-mueble se montó en las salas de varios museos del mundo. Yla fama de Ban creció también en el terreno doméstico. Le llegó entonces un encargo de China. Tenía que levantar una vivienda cerca de la Gran Muralla. Alli no había cartón. Pero había mucho bambú. Se dedicó a estudiar ese material. "El bambú complica mucho el cálculo de estructuras porque es hueco", comenta. Por eso decidió fabricar bambú prensado, "que resultó ser más resistente que la madera". De nuevo, un material le servía para todo: la piel del edificio, el pavimento y el mobiliario.

Entre todas sus viviendas experimentales, una le valió reconocimiento universal. La llamó Casa Desnuda (Naked House) está levantada en medio de un arrozal, en Kawagoe, a una hora de Tokio. La construyó con paneles de fibra de vidrio corrugado, que es el material que se emplea para la construcción típica de la zona: los invernaderos. En medio de los paneles colocó un plástico, que se usa para embalar fruta, para que actuara como elemento aislante de la temperatura. Así, toda translúcida, la casa está aislada, pero iluminada. Por dentro es sorprendente. A los dueños no les importaba el tamaño de las habitaciones. Su prioridad era disfrutar junto a su familia en una gran sala. Por eso es una vivienda sin particiones. Así, la casa reconsidera la manera de vivir japonesa: siempre en espacios desnudos con todo -camas incluidas- guardado en armarios. Por eso las habitaciones están vacías y colocadas sobre ruedas. "Para los japoneses, una casa siempre es un lugar temporal. Estás ahí hasta que tu vida cambia. Por eso la Casa Desnuda está diseñada como un espacio que quiere parecerse al agua de un río: siempre es el mismo rio, pero el agua no es nunca la misma", dice.

El suelo de tatami conecta los espacios. Y la movilidad tiene sus ventajas. "Si alguien quiere vistas, acerca su habitación a la gran ventana. Puedes sacar tu habitación al jardín o jugar sobre ella". Es evidente que ésta no es una casa para todo el mundo. De hecho, la experimentación que tanto motiva a Bah no convence a todos. Hay quien considera que los proyectos domésticos de este arquitecto son formallstas, que aprovechan el ingenio desarrollado en los campos de refugiados y en las zonas de desastre para brillar en el terreno doméstico. En algunos foros se ha dejado caer incluso que Ban ha utilizado su trabajo en las situaciones de emergencia para entrar en los circulos más elitistas de la arquitectura y del arte. Él está de acuerdo con que lograr trabajar con tubos de cartón ha sido una suerte para él. Pero también  para muchas otras personas.

Foto: www.elpais.com

Los hechos lo respaldan. Cuando en la Expo de Hannover de 2000 construyó con la ayuda del autor del Estadio Olimpico de Múnich, Frei Otro, un pabellón inmenso levantado con tubos de papel, Ban se aseguró de que todo aquel material podría reciclarse. Los tubos de cartón, en aquella ocasión mezclados con fibra de vidrio para hacerlos resistentes al fuego, fueron reutilizados. ¿Podría vivir Bah en una casa de tubos de cartón? Él afirma que también le gustaria tener una casa propia hecha con sus inventos. "Me he pasado la vida pensando cómo me diseñaría un refugio para el fin de semana. Pero nunca tenía dinero para constmirlo. Cuando pude por fin reunir el dinero, lo que no tenla ya era fin de semana", explica.

La estética temporal y austera del pabellón japonés en la feria de Hannover,  en medio de la habitual ostentación de las exposiciones universales, debió de llamar la atención de un fotógrafo que ha sabido encontrar en los animales salvajes la inocencia de un niño. Gregory Colbert contactó con Ban para que ideara un museo capaz de circular por el mundo. Así nació el Museo Nómada. Ha estado ya en Venecia, Nueva York, Toldo, Santa Mónica (California) y Ciudad de México, y el año que viene viajará a Brasil. La idea que sustenta el museo de Bah es todo un clásico: utiliza los contenedores -donde suele viajar el material expuesto - como soportes para exponer las piezas. Sólo que aqui los contenedores no organizan la exposición, sino el edifcio del museo. "Transportar un edificio es algo aberrantemente caro. La manera más económica de transportarlo eran los contenedores, que, al ser de un tamaño estandarizado, no necesitaban viajar. Los podía alquilar en cualquier ciudad". En el río Hudson junto a Manhattan, los contenedores metálicos formaban un damero colorista con huecos en las paredes. Encerraban algunas de las más sorprendentes fotografías y suietaban un techo con pliares de tubo de cartón.

A finales de los noventa, 10 que hacia Ban era un secreto a voces. Su ingenio le había catapultado ya como uno de los mejores arquitectos del planeta. Su Casa Desnuda fue catalogada como la mejor del mundo y recibió el World Architecture Award en 2002. Tal vez por todo ese camino recorrido, en 2003 llegó a firmar uno de los proyectos finalistas para reemplazar las Torres Gemelas. Un poco más tarde, y después de recibir la medalla de oro del American Institute of Architects, llegó la preciada Thomas Jefferson Medal. Corría el año 2005, y Ban se comenzaba a postular como el candidato perfecto para ganar un Premio Pritzker de emergencia. A pesar de tantos galardones y augurios, Ban no es una estrella. Está más cerca del grupo de los otros arquitectos, los que, como el hindú Charles Correa o el alemán Walter Müller, cambian el mundo en el que viven sin dar grandes titulares.

El próximo reto de Ban se inaugurará la primavera que viene en Francia. Estos meses concluye el nuevo Pompidou de Metz, un museo que quiere romper con la idea de mausoleo para abrirse a la gente. Él se inspiró en algo tan discreto y eficaz como un sombrero chino. "Quise hacer una gran cubierta, un espacio sin ventanas, pero vemliado, que puede abrirse al exterior y cerrarse en salas de exposición. Me inspiré en el sombrero de los campesinos chinos, una pieza muy arquitectónica: impermeable por fuera gracias al bambú. En el interior, además, lleva hojas secas como aislante", explica. Para levantar ese edificio, Ban quiso instalarse en el ya "antiguo" Centro Pompidou de París. La dirección del centro le aconsejó que pidiera permiso a sus autores, Ranzo Piano y Bichard Rogers, que lo invitaron a que encontrara él mismo el lugar. Lo consiguió. Hizo instalar un enorme tubo de cartón. A los directores del centro les gustó tanto, que lo convirtieron en parte de las exposiciones. "Así es que trabajamos delante de todos los visitantes del  museo. Eso sí, si quiere visitamos tendrá que comprar una entrada", comenta.

Hoy, Ban reparte su vida entre París, Toldo y el mundo por donde viaja constantemente dando conferencias. Una de las últimas la pronunció en la Cooper Union, la escuela de Nueva York donde estudió junto al desaparecido John Hejduk atraído por las estructuras invisibles y la poética de la arquitectura que defendia éste. Hoy construye no lejos de alli, en West Chelsea, un edificio de apartamentos que se cierra con una persiana metálica que protege y fihra la luz. La idea es vivir sin rejas y con luz. Pero con persianas de seguridad. Hace tres años la revista Time lo reconoció como uno de los mayores innovadores para el siglo XXI. Él espera no  defraudar. Pero confía en no tener que demostrar sus ideas en más situaciones de  emergencia. 

Fuente:www.elpais.com
09/11/08

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