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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Viernes, 5 de diciembre de 2008

Soldado, lesbiana y millonaria

Acosada por un sargento británico, ha recibido una indemnización mayor que muchos de los mutilados en Irak y Afganistán

 

Un juez excesivamente comprensivo ha convertido en millonaria a la soldado Fletcher. Recibirá una compensación de unos 226.000 euros por haber sufrido el asedio de un sargento pichabrava, Ian Brown, que la sometió durante años a un acoso sexual continuado, cuyo cénit fue un mensaje subido de tono en su teléfono móvil.

Foto: www.elmundo.esKerry Fletcher es lesbiana y, a ojos de su sargento, un reto apetecible. Sólo así se explica que el mastuerzo le enviara un buen día el siguiente sms: «Apuesto a que puedo ser capaz de convertirte. De verdad que no sabes lo que te estás perdiendo». Enternecedor, ¿verdad? No para el magistrado de Leeds que ha juzgado el caso, que ha certificado que la conducta de Brown es constitutiva de delito y que la soldado merece una fuerte indemnización.

Cerca de 40 millones de las antiguas pesetas para compensar el calvario de la chica, que hubo de dejar el Ejército a rebufo de los hechos y que tiene pensado ahora ingresar en el cuerpo de policía.

La cifra no ha estado exenta de polémica. Y no porque se cuestione la veracidad de los hechos o la inmoralidad de la actuación de Brown, sino porque los 226.000 euros de compensación exceden los recibidos por la mayoría de los soldados heridos o mutilados en Irak y en Afganistán.

El caso más sangrante, quizá, es el de un marine, Ben McBean, cuyo heroísmo fue jaleado públicamente por el Príncipe Enrique. McBean perdió un brazo y una pierna al explotarle una mina en la provincia afgana de Helmand. El Estado británico le dio una indemnización de 191.000 euros. Menos de lo que recibirá la soldado Fletcher, quien se ha apresurado a explicar: «No se puede comparar mi sufrimiento con la mutilación. Yo he pasado estos años por un infierno».

Y hay más casos: a Mark Ormrod le han dado 254.000 euros tras perder un brazo y las dos piernas, mientras que a Paddy Caldwell, 239.000 euros por quedarse paralítico del cuello para abajo.

Así las cosas, diversas asociaciones de soldados ya han puesto el grito en el cielo. No niegan la tortura a la que fue sometida Fletcher, pero exigen cierta proporcionalidad en las indemnizaciones. «No aprobamos la conducta de ningún oficial que acose a ningún soldado», ha dicho Shaun Rusling, responsable de la Asociación de Veteranos del Golfo, «pero estamos seguros de que ella se sentirá mejor y no lo harán quienes han perdido un brazo o una pierna. Da la impresión de que hay una ley para la paz y otra para la guerra y que uno cuenta menos cuando lucha por su país».

Quién sabe si temeroso de las reacciones, el juez advierte en su sentencia de la gravedad de los hechos: «Este es un caso de abuso tan serio como cualquier otro. La víctima fue sometida a una campaña sostenida de humillación. Y esa campaña se extendió a la imposición de sanciones disciplinarias, al cuestionamiento de su salud mental y a la negativa a trasladarla a un destino más adecuado».

En el cabreo de la soldadesca, quizá pese el perfil de la soldado Fletcher, que no se ha apeado de los titulares de los tabloides desde 1998. Entonces se convirtió en la primera mujer en ingresar en el Cuerpo de la Artillería Real, pero no duró demasiado. Al año siguiente la expulsaron después de que un oficial la descubriera desnuda en un barracón en plena faena con una agente de policía australiana.

En 2004 se recicló uniéndose a los cuarteles del 40º Regimiento, con base en el condado de York. Allí fue donde conoció al sargento Brown y donde éste la sometió a un marcaje demasiado férreo.

Tampoco en su nuevo destino abandonó Fletcher su vida disoluta. Un joven soldado contó en el juicio cómo entró un día en uno de los establos y la vio acompañada de una colega que tenía la mano en su entrepierna y desabrochados los pantalones de combate. Al pobre diablo -del que, por cierto, se dijo en el juicio que tenía en su móvil una fotografía de sus propios genitales- se le cayó la carretilla del susto y salió corriendo. Fletcher dijo ante el juez que no hubo nada de sexo. Su amiga estaba consolándola por su infortunio.

Fuente: www.elmundo.es
28/11/08

Suplemento Temático: Mujer y Seguridad

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