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Revista de Prensa: Noticias

Miércoles, 10 de diciembre de 2008

Las agresiones de adolescentes a sus padres han crecido alarmantemente desde hace dos años

Un centro madrileño especilizado en estos delitos logra que sólo un 1,56% reincida

 

Hace algo más de dos años los encargados de otear la evolución de la delincuencia juvenil en la Comunidad de Madrid (la Agencia del Menor) se encontraron de bruces con una realidad que probablemente ya estaba allí pero hasta entonces no había salido a la superficie: las agresiones intrafamiliares de hijos a padres habían aumentado hasta el punto que las denuncias comenzaban a llegar con regularidad.

Foto: www.larazon.es

El fenómeno, por el particular perfil de estos pequeños «príncipes destronados» que martirizaban a sus padres hasta llegar al delito, hacía necesaria una actuación concreta y separada de la que se lleva a cabo sobre los menores que cometen otro tipo de faltas. Así, se constituyó un centro de internamiento especializado en violencia familiar en Guadarrama, (en breve, se trasladará en Madrid). En su todavía corto recorrido, su éxito ha sido espectacular.

De los 64 chicos que han pasado por entre sus muros, sólo un 1,56 por ciento (es decir, uno de ellos) ha reincidido después del tratamiento «resocializador».

Integrados, en apariencia
Las diferencias entre este subtipo y otros pequeños delincuentes son sustanciales, como explica vía telefónica Manuel Córdoba, el director del centro, mientras viaja hacia Ceuta, donde quieren conocer el porqué de tan buenos números: la primera diferencia es el sexo; mientras que por lo general ellas son apenas un diez o doce por ciento del total de menores «infractores», en este tipo de violencia constituyen el 30, con el agravante de que se las denuncia más tarde que a los chicos.

El segundo punto es la edad, algo más tardía que lo habitual, situada entre los 15 y los 17 años, cuando el desarrollo físico «explota» definitivamente y los pone en una situación de superioridad «muscular», por decirlo así, con respecto a sus progenitores.

El tercero es el sustrato socioeconómico de las familias. Lo más habitual, aunque no siempre es así, es que se trate de niños criados en grupos familiares de clase media o media-alta, estructurados. La nacionalidad también difiere, un ochenta por ciento de los jóvenes maltratadores son españoles. Es un delito «nacional», aunque en este punto hay que ser cautelosos, explica Córdoba, ya que es posible que, por su propia circunstancia sociocultural, algunos colectivos extranjeros denuncien menos de lo que debieran.

Por último, en el aspecto de desarrollo académico también les separa un abismo. Suelen ser estudiantes decentes o buenos que, en general, van en su año. En definitiva, se trata de menores muy problemáticos e incluso peligrosos que a simple vista podrían pasar por buenos chicos perfectamente integrados. El clásico «parecía una persona muy normal» que tanto se oye después de un abuso o un crimen.

Más denuncias
Cuando el centro se fundó, estaba preparado para acoger entre 16 y 18 internos, pero finalmente ha terminado por acoger a unos 40 chavales al año. El fenómeno se expande, en parte, como explica Córdoba, porque «los padres no tardan ya tanto en denunciar. Antes se aguantaban amenazas e incluso empujones y no se recurría al juez hasta que había agresiones serias, pero ahora a veces se denuncian las amenazas iniciales».

El programa ha tratado a 104 menores, pero no todos pasan por el centro, sólo los casos más serios, y no en todos ellos se requiere un internamiento permanente, un régimen cerrado. La duración de la medida varía, pero el director estima que para que se pueda trabajar eficazmente, no debe bajar de los diez o doce meses.

Tratamiento integral
El tratamiento una vez allí, trata de ser integral y abarcar también a la familia. «Por supuesto la culpa no es de los padres, pero tampoco el enfermo es sólo el hijo, sino el sistema familiar y unos modelos educativos que en el caso concreto no funcionan y han resultado erróneos, aunque con otro niño podrían funcionar perfectamente. Así que realizamos una asistencia que incluye a los padres e incluso a los hermanos, el nucleo familiar, sea lo extenso que sea».

Hay que buscar las variables que provocan el problema y las que lo mantienen, no siempre las mismas, hacer consciente al menor de la gravedad de lo que ha hecho, que tiende a minimizar y conseguir que la familia se sienta parte del problema y, en consecuencia de la solución. «A veces es complicado, porque a los hijos los tenemos 24 horas aquí, pero a los padres no, y es difícil que se sientan parte de un problema en el que, lógicamente, se ven como víctimas».

En cuanto a la situación social y cómo afecta, es tarea de los sociólogos y psicólogos sociales ir analizando el efecto del entorno en este tipo de falta, pero, como dice Córdoba, «es cierto que la familia ya no es un elemento de contención como había venido siendo hasta hace diez o quince años». Un nuevo escenario en evolución y que, al no haberse fijado del todo aún, es hasta cierto punto impredecible.

Por el momento, al menos, la Comunidad de Madrid y los implicados en el proyecto pueden presumir de que un problema creciente se está combatiendo de de manera ejemplar.

Un tratamiento que involucra a la familia

El proceso de curación y reinserción no sólo es duro para el chico que ha cometido la agresión. El resto de la familia es también pieza clave para sanar un problema que parte de la educación recibida por el menor.

¿Cuál es el perfil de los niños que agreden a sus padres?
Buenos estudiantes de clase media o media alta entre los 15 y los 17 años, casi todos españoles y en un 30 por ciento de los casos, niñas.

¿Por qué llegan a la violencia dentro de la familia?
Los expertos explican que los casos son variopintos y que sólo a veces responden a un maltrato previo. Hay, dicen, un fracaso en el entorno familiar y unos modelos educativos erróneos que suele involucrar a toda la familia. Normalmente minimizan la importancia de lo que han hecho y lo primero es hacerles comprender la verdadera dimensión de su comportamiento. Cada vez hay más denuncias ya que los padres no esperan a las agresiones graves para denunciar.

¿Cómo se les trata en el centro de violencia intrafamiliar de Guadarrama?
Durante internamientos de al menos 10 o 12 meses, asistidos cada uno por un psicólogo, un trabajador social y un educador-tutor, realizando un seguimiento personalizado, reuniones con la familia y también con los demás muchachos. Sólo un 1,56 por ciento reincide.

¿Cuál es la importancia de la familia en todo el proceso de reinserción de los jóvenes?
Normalmente, la familia es parte del problema y de la solución por lo que es capital que el núcleo familiar (no sólo padres, sino también hermanos u otros cercanos) se implique en el tratamiento y asuma su parte de responsabilidad.

Fuente: www.larazon.es
07/12/08

Suplemento Temático: Formación y Seguridad

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