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Dirección y Gestión de la Seguridad Global.

 

Revista de Prensa: Noticias

Lunes, 5 de enero de 2009

Entrevista: Ronald Stern, consejero delegado de la consultora Stern Internacional. "El jefe ególatra debe desaparecer y dejar el protagonismo a los jóvenes"

 

Foto: El EconomistaRonald Stern cree en un mundo mejor. Considera que la solución a muchos problemas sería humanizar la empresa, tratar de forma exquisita a empleados y clientes. Ahora que el tejido empresarial se centra cada vez más en los beneficios, él apuesta por la motivación, el respeto y la libertad del trabajador. Consejero delegado de la consultora Stern International, que forma a líderes y a equipos, está convencido de que si el actual modelo de gestión da un giro, las pymes podrían llegar a zamparse a las grandes multinacionales.

Pregunta.- En plena crisis de confianza, ahora que se ha demostrado que los seres humanos se equivocan, y mucho, usted sigue firme en su receta: hay que 'humanizar' la empresa. ¿No puede resultar incoherente?
Respuesta.- La crisis no es más que un síntoma, el más visible, de que el modelo de gestión actual está obsoleto. Los directivos siguen saqueando sus empresas sin aportar valor. Sólo hablan de números, no entienden de ilusión ni de proyectos. Los tres grandes de Detroit [se refiere a los máximos responsables de General Motors, Ford y Chrysler] acudieron a Washington en su jet privado para pedir dinero, ¿cómo es posible que actúen así en lugar de presentar su dimisión? No tienen decencia, eso es lo que está ocurriendo.

P.- ¿Y qué cambio propone usted a las empresas?
R.-Tienen que entender que, a día de hoy, el único activo válido con el que cuentan son sus clientes, no sus fábricas. En el sector del automóvil, por ejemplo, el aumento de la capacidad productiva ha generado un gran exceso de oferta. Hoy, ser fabricante no significa tener la sartén por el mango. Además, el cliente también ha cambiado, ahora es mucho más sofisticado. El comprador es más consciente de su poder, y por ello hay que superar siempre sus expectativas. Un gran problema del sector tecnológico es que, en lugar de ver a su cliente como un objetivo, lo ven como una vaca lechera.

P.-¿En qué valores se sustenta el tipo de empresa que defiende?
R.- En la ilusión a la hora de dirigir una compañía, en crear un equipo capitaneado por líderes que tratan a los demás con respeto. Por primera vez en la historia, es posible trabajar con personas que tienen un alto nivel de conocimientos. Los empresarios pueden decidir si su organización la forma un grupo de mercenarios armados con cuchillos para conseguir clientes o si prefieren hacerlo de otra manera.

P.- ¿Por ejemplo, qué empresa lo hace bien en este sentido?
R.- Google es una compañía que permite que sus empleados dediquen una parte de su tiempo a proyectos ideados por ellos mismos. Tengo la impresión de que los jóvenes españoles estarían encantados de tener jefes como éstos.

P.- Entonces, su propuesta tiene mucho que ver con la motivación.
R.- Sí. Un estudio de Towers Perrin demostró que el 80 por ciento de los trabajadores de grandes empresas no tienen motivación. Salen de la universidad, entran en una multinacional y dos años después la han perdido. Por otro lado, se ha probado que una persona feliz tiene mucha más capacidad de trabajar que un paranoico estresado. No hablo de sueños románticos, sino de gente que, al sentirse bien, trata mejor a sus clientes y rinde más.¿No está claro que los directivos deben modificar su comportamiento?

P.- ¿Qué cambio hace falta en España en este sentido?
R.- En mi opinión, hay que abandonar la forma paternalista de dirigir a la gente, dejar de tratarlos como si fueran adolescentes. La libertad es el caldo de cultivo más importante para que desarrollen su iniciativa. En España, muchos directivos son autoritarios y ególatras. Deben dar a los jóvenes un mayor protagonismo, y al mismo tiempo exigirles más.

P.- Todo esto suena muy bien, pero ¿realmente se preocupan las empresas por estas cosas?
R.-En mi opinión, en las pymes es más fácil que en las multinacionales y, por otro lado, la necesidad agudiza más el ingenio de las pequeñas. A las pymes todavía les falta invertir en el desarrollo de personas, pero muchas ya hacen muy bien esto de humanizar. Me refiero a que tratan exquisitamente bien a sus empleados y clientes, haciéndoles sentir, desde que entran en su establecimiento, que están en su casa. El error de muchos directivos es dedicar un 70 por ciento de su tiempo a celebrar reunione, que en un 80 por ciento de los casos no sirven para nada. Deberían dedicar todo ese tiempo a sus clientes.

P.- ¿Cómo podría ayudarse a las pymes?
R.- Se les debería dar facilidades fiscales, tendrían que pagar menos impuestos, ya que las grandes compañías ya cuentan con sus propios trucos para evadir a Hacienda. Por otro lado, las escuelas de negocios siempre utilizan a multinacionales en sus estudios de caso, pero deberían sustituirlas por pymes. Éstas deberían convertirse en escuelas de aprendizaje para buenos profesionales. En Estados Unidos, la mayoría de los jóvenes pierden la ilusión en las multinacionales. El motivo es que allí no pueden actuar de verdad, algo que las pequeñas empresas sí permiten.

Fuente: El Economista
02/01/08

Suplemento Temático: Los nuevos retos del Director de Seguridad

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