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Seguridad Colectiva y Defensa Nacional.

 

Revista de Prensa: Noticias

Martes, 16 de junio de 2009

La guerra que espera a España

Un periodista se desplaza a la zona de Afganistán donde italianos y estadounidenses aguardan el despliegue de nuevas tropas españolas. Allí no hay paz, sólo tiros

 

«Desde aquí podemos avistar lo que los soldados que están sobre el terreno no ven», explicaba el subteniente estadounidense Alejandro García, convencido de que el lugar desde donde seguía el avance de sus tropas era seguro. Al menos así lo parecía el cuartel general de la policía afgana en la localidad de Bala Murghab, en el norte de Badghis, la provincia afgana bajo responsabilidad española. España tiene en esa provincia una base y unos 250 efectivos destacados, además de cooperantes que llevan a cabo proyectos de reconstrucción.

Ayer tropas estadounidenses, italianas y afganas protagonizaron una operación en Bala Murghab con el objetivo de construir un nuevo puesto de vigilancia para el Ejército afgano. Algo tan sencillo aparentemente se convirtió en una pesadilla. Bala Murghab es territorio talibán. Allí la insurgencia campa a sus anchas y ayer lo demostró una vez más.

El cuartel general de la policía afgana en Bala Murghab es un antiguo fuerte, que se cree que data de la época en la que los británicos ya intentaron controlar este territorio sin conseguirlo. Las tropas estadounidenses tomaron ayer posiciones en las torres de vigilancia del fuerte, mientras helicópteros italianos Mangusta sobrevolaban el cielo.

Parecía casi un videojuego. Los Mangustas descendían, disparaban, y recuperaban después altura dejando atrás un rastro de humo sobre el terreno donde se llevaba a cabo la operación. Y todo se podía ver cómodamente desde el fuerte.

El responsable de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) en el oeste de Afganistán, el general de brigada italiano Rosario Castellano, también se desplazó a Bala Murghab para no perdérselo. Antes de subirse a una de las torres de vigilancia, atendió amablemente a esta periodista. «Las tropas españolas no están en Bala Murghab no porque no quieran, sino porque no tienen muchos efectivos y están concentrados en Qala-e-Now [en el sur de Badghis]», empezó diciendo. «Nosotros, los italianos, tenemos un montón de tropas y de momento podemos hacernos cargo de la zona, pero las nuevas fuerzas que Madrid envíe nos tendrán que hacer el relevo».

No hacía ni cinco minutos que el general Castellano había declarado eso, cuando una granada impactó contra una de las paredes de la torre desde donde avistaba la batalla. La torre se tambaleó y se levantó una gran polvareda. «¡Abajo, abajo!», gritaban los guardaespaldas de Castellano mientras pegaban empujones sin importar a quién, con tal de sacar al general de brigada de allí con vida.

Mientras, las tropas estadounidenses no dejaban de disparar, con ametralladoras y fusiles, pero no daban abasto. Y los soldados afganos, más que una ayuda, eran un estorbo. «¡El mortero, el mortero!», gritaban unos preparando el fuego de artillería, mientras otros corrían de un lado para otro sin saber qué hacer. «Que se estén quietos. Diles que no lancen nada», repetía el comandante estadounidense Richard Wade desde lo alto de la torre, dirigiéndose a un traductor para que diera las instrucciones a los soldados afganos en su lengua. Un obús de mortero hubiera causado una carnicería. Los insurgentes estaban al lado del fuerte. Los soldados estadounidenses incluso se defendían con granadas de mano. Y al lado del fuerte sólo había casas y civiles.

El responsable de la ISAF en el oeste de Afganistán se fue por patas, dejando a los estadounidenses pegando tiros, tanto en el fuerte como en la zona de operaciones, donde tres soldados de EEUU y seis afganos resultaron heridos. Los estadounidenses dieron por terminada ayer la batalla en Bala Murghab a las 15.30 horas. Habían empezado a las 7.00. Los italianos continuaron un poco y, como dijo el general de birgada Castellano, con la esperanza de que los españoles los releven.

Fuente: El Mundo
11/06/09

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