Director del Programa de Terrorismo Global en el Real Instituto Elcano y catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos, Fernando Reinares es uno de los mayores expertos en terrorismo islamista de nuestro país. Asesor ministerial de José Antonio Alonso en su etapa como ministro del Interior en la primera legislatura de Rodríguez Zapatero, asegura que España sigue siendo un objetivo de Al Qaeda; defiende la presencia de tropas españolas en Afganistán como una forma de luchar contra el terrorismo global, que mejorará la seguridad en nuestro país; vaticina un atentado en Francia, y sostiene que los atentados del 11-M no pueden ser atribuidos en exclusiva a una célula local radicalizada por la guerra de Irak.
Pregunta.- El tiempo transcurrido desde los atentados del 11-M en Madrid y la reaparición de ETA han modificado la percepción pública sobre el riesgo de atentados yihadistas. ¿Está justificado, o nuestro país sigue siendo un objetivo preferente de Al Qaeda?
Respuesta.- Es cierto que cuanto más nos alejamos del 11-M más lejos queda en la memoria de la gente, en la percepción inmediata que los ciudadanos tienen del problema, pero no conviene olvidar que desde entonces se han detenido en nuestro país a varios centenares de personas, se han desmantelado un buen número de células terroristas, y se han conseguido evitar nuevos atentados que estaban en distintos estadios de planificación. Las referencias de Al Qaeda a España no son episódicas, sino reiteradas, lo que no quiere decir que seamos el país europeo con mayor riesgo de atentado, sino que estamos dentro del conjunto de Estados que por cuestiones históricas, sociológicas, políticas son objetivo prioritario del terrorismo global. De todos ellos destaca el Reino Unido, pero tenemos también a Francia, donde va a ser difícil que en los próximos meses, de aquí al próximo verano, no se produzca un atentado. Y junto a ellos estamos nosotros, los Países Bajos, Alemania, Dinamarca y Bélgica.
P.- ¿Está vaticinando un atentado yihadista en Francia en cuestión de meses?
R.- No digo que vaya a ocurrir, sino que sería raro que no ocurriera algo. Basta con seguir con atención los comunicados casi diarios de Al Qaeda del Magreb Islámico. El señalamiento de Francia es intenso y agresivo
P.- ¿Incrementa el riesgo de atentados nuestra presencia en Afganistán?
R.- Para nosotros y para todos los países que tienen tropas desplegadas, que son muchos. La pugna por Afganistán es vital para Al Qaeda, que no está en su mejor momento en el norte de África, ni en Irak, ni en la Península Arábiga. El ámbito afgano-paquistaní es ahora su principal zona de influencia. Al Qaeda ha sobrevivido desde mediados de los noventa hasta los atentados del 11-S de 2001 en Estados Unidos gracias a la protección de los talibanes afganos, y desde 2002 hasta hoy gracias a la de los talibanes pakistaníes. A finales de 2007 los más de treinta grupos tribales que había en Pakistán se aglutinaron en un movimiento único que llegó a dominar vastísimas zonas del territorio gracias a tácticas terroristas. Hasta que los talibanes llegaron a las puertas de Islamabad las autoridades pakistaníes no se decidieron a iniciar una ofensiva contra ellos.
P.- ¿Cree conveniente, y en ese caso suficiente, la presencia española en Afganistán?
R.- Me vienen a la mente unas declaraciones de la ministra de Defensa, Carme Chacón, quizás las más claras que he oído, que dijo que del éxito de la misión internacional en Afganistán depende en buena parte nuestra seguridad aquí. Y es cierto, si fracasamos colectivamente en Afganistán el éxito para Al Qaeda será colosal, porque no sólo dispondría de un santuario desde el que actuar, sino que los talibanes tendrían muchas posibilidades de acceder al poder, probablemente tras una guerra civil.
P.- Si eso es así, ¿por qué los partidos mantienen un debate permanente sobre nuestra presencia en Afganistán, sobre si estamos en misión humanitaria o de guerra? R.- Hay algunas cosas que no son suficientemente bien conocidas y han contribuido a enturbiar el debate. Hay sectores importantes de la opinión pública, en Europa y en España, para los que los talibanes no hacen otra cosa que resistir frente al ocupante extranjero. Si esto se da por sentado, la propuesta que se deriva es obvia: salgamos de allí y se acabó el problema, para ellos y para nosotros; pero es que las cosas no son así. Gran parte de la insurgencia en Afganistán es genuinamente terrorista; el 80 por ciento de sus blancos son afganos; más del 80 por ciento de las víctimas son afganos, y el 55 por ciento de las sufridas durante los dos últimos años han sido civiles. Los datos demuestran que los talibanes, cuya actividad terrorista se ha incrementado a lo largo de 2006, 2007 y 2008, no están tanto empeñados en un programa de resistencia a la presencia de tropas extranjeras, como inmersos en un plan destinado a ejercer control social, a recuperar dominio y, en última instancia, a volver a tomar el poder. Por eso Occidente no puede abandonar Afganistán, por nuestra propia seguridad, pero también por razones éticas, porque no podemos dejar a esa gente a la suerte de los talibanes, de Al Qaeda.
P.- ¿Tenemos entonces que temer más a Al Qaeda que a ETA?
R.- Son dos problemas de terrorismo de distinto cariz. El temor al terrorismo internacional es que se produzca un atentado con artefactos explosivos o suicida, de carácter múltiple y contra medios de transporte. Cuando uno repasa los cinco grandes incidentes ocurridos desde el 11-S, esa es la pauta. Es lo que cabe esperar en algún lugar de Europa. Lo de ETA es diferente, es una banda terrorista que se mantiene a base de atentados de letalidad menor, pero con un entorno a través del cual puede ejercer control social e intimidar a sectores importante de la población, cosa que el yihadismo no ha conseguido
P.- ¿Siguen siendo los medios de transporte los objetivos prioritarios a atacar?
R.- Si se fija en los atentados más importantes, y también en los desbaratados, los objetivos preferidos son los medios de transporte de masas, sobre todo aviones y trenes, pero hemos detectado algunas innovaciones que conviene tener en cuenta. Por ejemplo, hay abundante información de que el último acto de terrorismo suicida en Riad, que estuvo a punto de costar la vida a uno de los príncipes, que es el viceministro de Interior, fue perpetrado por un individuo que se había introducido el artefacto explosivo en el cuerpo por el ano y lo activó con un móvil.
P.- Con la experiencia acumulada, ¿se puede dibujar un perfil prototipo del terrorista yihadista?
R.- Todo lo más que podemos decir es que se trata de varones entre 20 y 35 años. Más allá de eso la diversidad y su perfil sociológico son extraordinarios. Los hay con estudios universitarios y sin ellos, de procedencia urbana y rural. En Europa tenemos a nacionales comunitarios y extranjeros. En el primer caso la mayoría son segundas generaciones de inmigrantes surasiáticos y algunos conversos, un fenómeno éste que se ha dado sobre todo en Reino Unido y Alemania. Entre los segundos predominan los magrebíes...
P.- ¿Es falsa la apreciación de que una mayoría proceden de las capas sociales más desfavorecidas?
R.- Al Qaeda se nutrió inicialmente de individuos procedentes de familias acomodadas, con estudios universitarios. No se puede establecer un vínculo directo e inexorable entre pobreza y terrorismo islamista, aunque en algunos países concretos no hay otra solución que establecerlo. En Pakistán, por ejemplo, hay mucha gente pobre que tiene hijos a los que el sistema público de educación no acepta. La única solución pare estos padres es, o que estén todo el día en la calle, o entregarlos a una madrasa (escuela islámica), que se ocupa de vestirlos, darlos de comer, alojarlos y formarlos. El problema es que hay miles de madrasas que no transmiten una visión abierta y tolerante del Islam, sino rigorista y belicosa.
P.- Con los datos que hoy conocemos, ¿se puede afirmar que los atentados del 11-M fueron obra de una célula local?
R.- Yo no estoy de acuerdo con esa apreciación, aunque tanto en España como fuera se ha dado por hecho que fue obra de una célula local radicalizada por la guerra de Irak, y los datos demuestran que no fue así. Los cuatro grandes componentes del terrorismo global son Al Qaeda, sus extensiones territoriales, sus grupos asociados y las células locales independientes. En los atentados importantes hay una combinación variable de estos elementos, y también en el 11-M. Si analizamos a los individuos que participaron en los atentados vemos que tres de ellos ya estaban en la célula de Abu Dadah desarticulada en Madrid tras los atentados de las Torres Gemelas. Una célula fundada por Mustafá Setmarian, un hombre que en 1996 ya formaba parte del círculo próximo a Bin Laden. O el caso de Alekema Lamari, notable miembro del GIA, del que hay notas de inteligencia del año 2003 que recogen su intención de provocar un atentado en España con descarrilamiento de trenes, ya que conocía muy bien las ciudades de Madrid, Valencia y Alcalá de Henares. Ninguno de estos individuos se había radicalizado por Irak, ya lo estaban mucho antes.