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Revista de Prensa: Noticias

Lunes, 2 de noviembre de 2009

Un joyero se salva de morir tiroteado, «caza» a uno de sus atracadores y recupera el botín

Los ladrones son dos argentinos con pasaportes falsos uruguayos que llegaron a España días antes para delinquir

 

Si es verdad que existen siete vidas, Juan Martínez, joyero de profesión, ha gastado tres. Y ambas le han dejado marcas en el cuerpo: la cicatriz de un tumor curado, la prótesis en un brazo... y el hematoma que aún luce en el pómulo izquierdo, fruto de uno de los culatazos que recibió hace días durante el violentísimo atraco que sufrió en su establecimiento de la calle de Guzmán el Bueno, 42. Juan no se achantó y plantó cara a los asaltantes, pese a que iban armados con un revólver y dispararon en dos ocasiones contra él sin conseguir percutir. La suerte, todo sea dicho, jugó de su parte, hasta el punto de que «cazó» a uno de los delincuentes al más puro estilo Cary Grant en «Atrapa a un ladrón» y recuperó casi todo el botín.

Foto: ABC

Un reloj para su niña...
«Suelo abrir muy pronto —explica a ABC con una tranquilidad pasmosa—, aunque para el público lo hago a las diez de la mañana. Sobre las once menos cuarto, entró un hombre, con traje, de unos 45 años y aspecto suramericano. Llamó al timbre y le recibí en el mostrador».

Como a cualquier cliente, Juan, que lleva toda su vida trabajando en el sector y cuatro años con su actual negocio, que también es taller, le preguntó qué deseaba. «Quiero un reloj para mi hija, que cumple 15 años», le contestó el supuesto cliente. Al joyero le llamó la atención que para una adolescente el hombre se interesara por uno de los relojes de oro del escaparate. «Me parece un poco exagerado para una niña de su edad...». Pero, diligentemente, se dirigió a la apertura de la vitrina, y dio la espalda al sospechoso.

...Encañonado por la espalda
En ese momento, Juan sintió el frío acero de un arma de fuego en su costado e, inmediatamente, al darse la vuelta, en el estómago. «En las imágenes se ve cómo sacó el revólver de detrás del pantalón, donde lo llevaba escondido, en el cinturón. Cuando metí la mano en el escaparate, me encañonó», relata.

...«¡Te voy a matar!»
Juan es un hombre enérgico, corpulento y alto, de 48 años. Y le echó valor, mucho valor, a lo que estaba ocurriendo. El comerciante se giró y comenzó a empujar a su agresor. «¡Hijo de puta, estate quieto o te pego dos tiros! ¡Te voy a matar!», le gritó el atracador.

...Y llega el otro atracador
Y se lio a culatazos con Juan, que cayó de rodillas al suelo. Entonces, penetró en el pequeño local el otro atracador, éste vestido de calle, más joven, de unos 30 años y también suramericano. Su compinche le había abierto la puerta. «La cara de ése me sonaba mucho de haberle visto por la calle. Debían de haber estado siguiendo mis movimientos con anterioridad».

...Encerrado en un cuarto
El truculento y por qué no llamarlo rocambolesco atraco no había hecho más que empezar. El segundo ladrón portaba una bolsa de tela, de una conocida marca de maletas, en la que dentro había una chaqueta con la que pretendía cambiarse de ropa una vez consumado el asalto. «Yo había perdido un poco la noción por los golpes y el atracador empezó a coger las bateas de los mostradores, con pendientes, sortijas, pulseras...».

Encañonándole, le metieron en la habitación interior. El trajeado, mientras su compañero arramplaba con todo, intentaba ponerle unas bridas en las manos y un pie. Pero Juan se resistía como una fiera: el delincuente tuvo que pedir ayuda al grito de «¡Ven!» a su compañero.

Foto: ABC

...Patadas y puñetazos
«Reaccioné y me fui a por él. Yo no me dejaba, le empujaba y le volvía a empujar... Cuando llegó el otro en ayuda de su compañero, me dieron patadas, puñetazos, por todos lados. Y el de la bolsa se fue de nuevo para la tienda; pero me volví a resistir, y tuvo que acudir de nuevo... Así hasta tres veces, y volví a “cobrar”», mientras «cogían los relojes de oro y más género», como un paquete con más joyas.

...Corriendo lleno de sangre
Salieron corriendo, no sin antes cerrar la puerta del cuarto y echar las llaves, pero no se cerró. «Me tenían atado, pero pegué un tirón fuerte y rompí las bridas», añade. Ensangrentado, con heridas en las muñecas, los pies y la cara, empapadas, el joyero salió corriendo a la calle, tras sus agresores.

...Dos tiros en plena calle
Éstos huyeron por la siguiente calle transversal, la de Abdón Terradas. El comerciante gritaba «¡Ladrones! ¡Ladrones!», y éstos, para despistar y sin vergüenza alguna, exclamaban lo mismo. Pero cerca se encontraban charlando dos mecánicos de un taller y el dueño y el camarero de un restaurante. Los cuatro conocen a Juan, por lo que uno de ellos «enganchó al del traje». «Yo me fui a por el otro y les avisé: “¡Cuidado con la pistola!”. Entonces, en el momento en que fui a arrebatarle la bolsa con el género, sacó el revólver del cinturón y me apuntó. Estaba a medio metro de mí y disparó dos veces».

...Pero se abre el tambor
Pero sonaron dos chasquidos. No percutió ningún proyectil. El ladrón, al sacar el arma de la parte delantera del pantalón, había abierto por accidente el tambor del arma. Juan le quitó la bolsa —había 120.000 euros en joyas—, mientras que el ladrón trajeado, en el suelo, reducido por los otros ciudadanos y con dos de ellos sentados encima, gritaba a su compinche: «¡Dispara! ¡Dispara!». Pero, ante semejante panorama, lo único que le quedaba al delincuente era huir. Y así lo hizo, a toda carrera, sin bolsa, sólo con un paquete de joyas valoradas entre 25.000 y 30.000 euros. Intentando montar de nuevo el fallido revólver, dejó a su compañero atrás, interceptado por Juan y sus amigos, hasta que llegó la Policía, pues el joyero había accionado el botón antiatracos justo antes de salir a la persecución. «En definitiva, que el otro se escapó y yo me quedé con mis joyas y un atracador», bromea el protagonista.

...De Argentina, para robar
El detenido poseía un pasaporte uruguayo falso. Se sospecha que ambos son argentinos.Habían llegado el 14 de septiembre a España para atracar.

El Grupo I de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) de Madrid investiga el caso.

Fuente: ABC
31/10/09

Suplemento Temático: Seguridad en Centros Comerciales

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