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Revista de Prensa: Noticias

Lunes, 29 de marzo de 2010

Las heroínas del estanco

Una 'mossa d'esquadra' en prácticas y fuera de servicio detiene a un ladrón con ayuda de su madre - El local asaltado ha sufrido 28 robos en 43 años

 

El amor de una madre por su hija puede con todo. Hasta con un ladrón impulsivo que ha pasado media vida de comisaría en comisaría. Claro que, si la hija en cuestión es policía, todo resulta más fácil. El pasado miércoles por la tarde, una mossa d'esquadra en prácticas y su madre redujeron a un atracador que asaltó un estanco en L'Hospitalet (en el área de Barcelona) y amenazó a una dependienta con una pistola de fogueo.

La agente, de sólo 25 años (su identidad no ha trascendido por razones de seguridad) estaba fuera de servicio y es clienta habitual. Entró con su madre a comprar un paquete de tabaco y detectó que, detrás de las montañas de chicles -instaladas a modo de búnker para camuflar la caja registradora, según los estanqueros-, sucedía algo anormal. La chica se identificó como policía y observó al hombre tapado con un gorro de lana y una braga militar en la boca, y armado. Sin saber si la pistola era real o simulada, se abalanzó sobre el asaltante, un veterano del crimen con decenas de antecedentes que, a los 57 años, está cerca de la jubilación.


Elisenda Vinyals, Joan Carles Pérez y Maria Núria Paretas, ayer en el estanco asaltado

Lejos de achantarse, el hombre disparó su arma en tres ocasiones contra el suelo y maldijo a la inoportuna mossa mientras ésta trataba de arrebatarle el arma y de arrastrarle con una llave de defensa personal lejos del mostrador. Al oír los insultos a su hija (y también, por supuesto, que el forcejeo no cesaba) la madre le echó un capote. Agarró un cenicero y golpeó repetidamente la cabeza del ladrón, según testigos.

A todo esto, la dependienta había abandonado espantada el local y su marido, Joan Carles Pérez, salía del baño: el asalto le cogió en mal momento. "El hombre pidió a mi mujer que se lo diera todo y ella dijo: 'No, por favor", relataba ayer Pérez. "Entonces me asomé con una escoba, pero el hombre me apuntó a mí y me volví a esconder. ¡La seguridad es lo primero! Luego escuché a la policía, la cosa se lió y entró más gente. La agente pidió un cinturón y esposó al tipo mientras llegaban refuerzos. Fue muy valiente. Gracias a ella no nos han robado y nadie ha resultado herido". Joan Carles Pérez es la tercera generación de una familia de estanqueros que se instaló hace 43 años en Bellvitge -un barrio de clase trabajadora perfilado por enormes bloques de pisos- y que en medio siglo ha sufrido nada menos que 28 robos, incluido el del miércoles. Uno cada 18 meses.

La historia de la expendeduría número 21 de L'Hospitalet es, en cierto sentido, una síntesis de la delincuencia local. Su propietaria, Maria Núria Paretas (82 años) las ha visto de todos los colores. "Una vez me pusieron una parabellum en el pecho. Me llevé un susto tremendo. En otra ocasión un chico saltó el mostrador de un salto con un destornillador", relató la mujer, poco sorprendida ya por el último suceso.

Pérez, que llama cariñosamente a su abuela "la estanquera de Vallecas, versión barcelonesa", resumió la historia: "En los años ochenta había mucha droga y delincuencia común en la calle, y los toxicómanos venían a por dinero. En los noventa empezamos a sufrir a las bandas profesionales, algunas kosovares, que reventaban las persianas y se lo llevaban todo. Y ahora, con la crisis y el paro, la inseguridad ha aumentado".

Los atracos han obligado a la familia a dotarse, sucesivamente, de medidas de protección: persiana metálica, refuerzo de persiana metálica, alarma, chicles a modo de camuflaje y, por último, una cámara de vigilancia. Pero este dispositivo ha llegado tarde. "¡Hemos sido víctimas de la ley de Murphy! El mismo día del atraco firmamos el contrato para instalar la cámara, pero hasta hoy [por ayer] no nos la han puesto", terció Elisenda Vinyals (segunda generación) mientras señalaba el aparato instalado en el techo.

Aunque el atraco acabó en anécdota y la mossa, con toda probabilidad, será felicitada -las prácticas, al menos, las ha aprobado con nota-, lo cierto es que la sucesión de episodios con armas de fuego en L'Hospitalet preocupa a los agentes. Según fuentes policiales, en las últimas semanas se han sucedido episodios violentos con pistolas (algunas, reales) que han puesto en peligro a los funcionarios. "El Departamento de Interior oculta lo que pasa y no reaccionará hasta que haya un muerto encima de la mesa".


Fuente: El País
26/03/10

Suplemento Temático: Mujer y Seguridad

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