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Seguridad Pública y Protección Civil.

 

Revista de Prensa: Noticias

Martes, 13 de abril de 2010

Seseña: La riña de patio de colegio que acabó en espanto

«Soy como soy, y a quien le moleste muerte con él». Son palabras de la presunta asesina de Cristina Martín. «Es fría y no siente empatía ni culpa». Su único empeño fue saber si en el reformatorio tendría internet

 

«Conéctate a Tuenti a ver si encontramos alguna pista». Unas horas después de la desaparición de Cristina Martín la Guardia Civil se entrevistó con sus amigos. Contaron que tenía un perfil en esa red social, así que los agentes probaron suerte e intentaron chatear con ella desde el ordenador de uno de los adolescentes que la tenía en su lista. En uno de los ensayos, la niña estaba disponible. Pista falsa. Era una amiga que había tenido la misma idea, conocía su clave y trató de buscarla a su manera.


Entierro de Cristina Martín de la Sierra en Seseña

El martes 30 de marzo a las siete de la tarde, Francisco, padre de la niña, denunció la desaparición en el cuartel. Cristina, 13 años, había salido a las once de la mañana de su casa tras recibir una llamada de una amiga. No contó a su madre a quién iba a ver. A la hora del almuerzo aterrizó la preocupación. Cuatro días después, su cadáver fue recuperado de una fosa junto a una yesera abandonada a las afueras de Seseña. Antes tuvieron que apartar los cascotes que, de mala manera, le habían arrojado para intentar ocultar el cuerpo. Tenía un fuerte golpe en la cabeza y un tajo en la muñeca. Los agentes cubrieron los brazos de la cría antes de sacarla para que ningún teleobjetivo captara el detalle.
 
A los cinco minutos, la presunta autora, otra menor de 14 años recién cumplidos, compañera de instituto de la víctima, estaba «oficialmente» detenida. En realidad se encontraba bajo custodia de la Guardia Civil —«protegida», según el eufemismo empleado— desde muchas horas antes. Era ella la que les había marcado, sin precisión, el escenario del crimen ...y la tumba. Contó, que no confesó, que había llamado a Cristina, se habían citado en esa especie de sótano —galerías abandonadas de la yesera—, habían tenido una trifulca y le había golpeado en la cabeza. El detalle de la muñeca cortada que, según la autopsia, provocó que la adolescente se desangrara, se lo calló. Cerca del cuerpo se encontró una diadema de Cristina y pañuelos con sangre que está analizando Criminalística para determinar si los restos son de la autora.
 
A los agentes les costó arrancarle detalles. Sabían que había llamado desde un teléfono fijo a nombre de un vecino de Seseña con el que convivía su madre, cubana como ella. Y ése era el último hilo del que tirar. Primero negó todo y después llevó a los investigadores a la fosa pero no marcó el punto exacto, alegando que no lo recordaba. Sobre el móvil, sólo palabras vagas, igual que sobre el motivo real de la cita. Los compañeros en el instituto Margarita Salas de Seseña no han hecho más que enredar estos días, de forma involuntaria o no, sobre la relación que existía entre las dos chicas.
 
Una clase de refuerzo
 
«Cristina era muy mandona y la otra más. Se la tenían jurada. Ya se habían enganchado de los pelos alguna vez y habían discutido en el patio, pero luego se iban juntas». «Se llevaban mal porque ella se metía con Cris y... claro, ésta se defendía y le soltaba lo de cubana y más cosas». Otros, parapetados en el anonimato de menores, se lanzan a la teoría de los celos, con poco fundamento: «Cristina había agregado a su “tuenti” al novio de la otra y ésta se había cabreado». Ni el instituto ni las familias han dicho esta boca es mía. No se sabe si esa enemistad o relación envenenada se había fraguado en el patio o en un aula de refuerzo que, al parecer, compartían (la víctima cursaba 1º de ESO y la presunta agresora 2º). Lo cierto es que la estética de ambas no se parecía demasiado, ni aparentemente sus gustos.
 
«Era una niña de 13 años que comía chucherías con sus amigos en el parque, que obedecía a sus padres. Una buena hija», explica al teléfono una allegada de la familia De la Sierra. El viernes antes de desaparecer había estado en el parque de la Chopera con cuatro amigos, riendo y quedando para mandarse mensajes o chatear. «Era la líder, le gustaba ser la más popular», recuerda uno de ellos. Otros, en cambio, apuntan a que la adolescente tenía algún problema con ciertos compañeros que sobrellevaba como podía, típicas burlas corrosivas que la sacaban de quicio.
 
Resulta tarea imposible recabar una palabra amable, siquiera aséptica, sobre la autora del crimen: «Es caprichosa, lo quiere todo, y si no lo consigue se enfada con facilidad y te buscas un lío», refiere otra alumna del centro. Los psicólogos y el forense que la examinaron no daban crédito. Es fría, muestra una ausencia total de empatía y un sentimiento de culpabilidad nulo. Cuando la Guardia Civil le dijo que ya habían encontrado el cadáver de Cristina no se inmutó; ni torció el gesto. «Es como si no fuera con ella». Al saber que iba a ser encerrada en un centro de internamiento la única preocupación que la asaltó fue si el reformatorio tenía internet y si iba a poder hacer deporte.
 
Las perlas que han rescatado de su perfil de Tuenti sus conocidos sólo contribuyen a ennegrecer la imagen. «Soy como soy, y a quien le moleste, muerte con él». «Tu libertad termina donde empieza la mía». Y esas boutades se acompañan de imágenes a medio camino entre góticas y «emo»: en unas posa con capucha y labios negros, rostro pintado de blanco o pretensiones de lolita actual. En otras que eligió para su álbum se podían ver macabras escenas con muchachas pálidas acosadas por la guadaña, ensangrentadas o con una faca a punto de abrirse las venas, propias de la tribu urbana «emo». Sin siquiera valorar esa particular estética, algunos investigadores apuntan que quizá se haya detenido a una psicópata en potencia, a tenor de cómo actuó, cómo intentó ocultar los hechos y la forma en que reaccionó. No se descarta, a falta de exámenes psicológicos más profundos, que sufra un importante trastorno mental.
 
La Guardia Civil cerró la cuenta de Tuenti de la agresora, pero las impactantes fotos están al alcance público «gracias» a la labor de conocidos de la presunta asesina que las han subido a una web creada en Facebook bajo el reclamo de «Justicia para este ángel». La página ha sumado casi 5.000 miembros en cuatro días y ha pasado de una muestra de apoyo a un gallinero público donde se exige desde la reforma de la Ley del Menor hasta la pena de muerte.
 
La madre ha tenido que marcharse
 
La presunta autora del crimen nació en Cuba. Su madre llevaba algunos años en Seseña, conviviendo o casada, según las fuentes, con un vecino del pueblo sobre el que nadie quiere hablar «porque ya bastante tiene». La niña dicen que llegó hace solo un año. La progenitora, que ha colaborado con los investigadores en todo momento, está destrozada. Y desaparecida. Trabajaba en un polígono cercano, en la cocina de un bar, pero ha tenido que marcharse ante la presión.
 
La yesera, que los vecinos habían pedido derribar, ha unido a dos familias aunque sólo en el dolor. La de Cristina, que ha perdido a uno de sus cuatro hijos, pasados los primeros momentos se ha refugiado en el silencio y las paredes de su casa. Por más que intentan recordar, para ellos la cara de su enemiga no tiene rostro. Dicen que no saben quién era.



 

Fuente:ABC
12/04/10

Suplemento Temático: Formación y Seguridad

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